El día que Pancho Villa puso el nombre a la Calle Madero

Por: Noé Meneses Valencia.

El bullicio estremece de golpe las paredes de la calle San Francisco y su prolongación Plateros, la expectativa crece segundo a segudo, Pancho Villa el hombre al que la revolución lo convirtió en criatura (cabeza, brazos y torso de humano y cuerpo y patas de caballo, se hace presente.

Ya en pie el Centauro del Norte, genera asombro en cada movimiento que hace. Con determinación da varios pasos, y esboza una leve sonrisa , mientras el sol se refleja en su ceño, acomoda el salacot caqui que le gano notoriedad siempre y mira retador a la pared.

Zapatistas, Villistas y varías decenas de curiosos presencian exhortos el acto estoico que rebasaría a la memoria misma. No habrá juicio de la historia que haga justicia por la traición, ni estatua, ni decreto, ni canonización alguna.

La hazaña no la esta ejecutando en campo de batalla con una división a su mando, ni toma por asalto algún cuartel, ni está llevándose de tajo a la flor más poblado del poblado.

Mientras avanza el silencio le abre paso, hay solemnidad en su rostro y recuerda en su interior a Gustavo y Francisco Madero; pensó en Pino Suarez y se detiene por un instante y con él, se detiene el tiempo que espera ansioso a presenciar el momento más épico de su vida.

Se encuentran precisamente en la calle donde paso Madero en su entrada triunfal hacia Palacio Nacional y donde camino acompañado por leales cadetes del Colegio Militar y del pueblo, que lo seguía y vitoreaba durante el golpe de estado. La mañana muestra los últimos esbozos de aire fresco, es el amanecer del 8 de diciembre 1913, mientras las miradas de los presentes se se preguntan: ¿Qué pasa? La respuesta se prolonga.

El acto fue, como muchos de sus ataques, rápido y certero, pero esta vez solo carga una escalera con las manos, sube con la piel erizada los pocos escalones y alcanza la placa, que por última vez se llamará Plateros. No hay discurso, pero saben ya de que se trata; cuando por fin fija la placa y todos los presentes alrededor alcanzan a leer “Calle Francisco I Madero» y pa’ pronto mata y luego averigua el General, lanza una mirada penetrante, respira y dice enérgico a los presentes – Al que la quite, lo encuentro y lo mato – sentencia.

Pero no genera miedo, sino consenso. Y de manera natural una vez fijada la placa, todos por respeto uno a uno se van quitando el sombrero señal de respeto y aun de duelo.

La unanimidad genera silencio, y de nuevo el silencio; y no el estruendo de las balas y cañonazos abre paso al General Pancho Villa que se va, ante una multitud que se resiste a dispersarse. Villa se fue, no solo siendo General, sino Juez de un Tribunal Popular, ejecuto un acto inédito y Justiciero donde emito la sentencia más breve e inapelable de la historia al poner a la calle Plateros el nombre del Presidente que fue víctima de un golpe de estado y asesinado cruelmente por la reacción que siempre podrá ver la sentencia a su paso: Calle Francisco I Madero.