La política y la religión no se tocan

Y así, se sigue ejecutando una revolución de conciencias sin importar partidos o religiones, códigos postales o cuentas de banco, deudas o condonaciones.

Los mexicanos cada vez más pasan de un oscuro trance de problemas de una o varias historias ficticias a formar parte de la discusión nacional de la vida real. Se habla del peje con la misma copa de vino que abre la conversación en una charla diurna al final de una exhaustiva semana de trabajo como se abre una caguama para hablar del cabecita de algodón después de la chamba.

Sin embargo, hay quienes rompen todo estereotipo. También están los que hablan del presidente de la república entre la familia, entre colegas y hasta en los lugares en los que pensamos que la política y la religión eran intocables.

Pero sin equivocarnos, no es el mandatario. No es la campaña, el partido, el personaje, su puesto, su misma historia o la gente que lo sigue o no. Es la apuesta por tocar lo intocable, la disposición de analizar un papel activo en este enorme colectivo que tenemos de país.

Tal vez la figura del peje, en un sentido simbólico meramente, condensa el primer paso para el diálogo entre la ciudadanía y el gobierno. Esa discusión que no teníamos por temor a ser callados, amedrentados, oprimidos, asesinados.

La discusión, como figura de metamorfosis, se había quedado como un instrumento de las figuras de plástico para llamar la atención. Esa subespecie de la televisión mexicana se vio afectada por las nuevas plataformas y medios, y la discusión dejó de estar de su lado.

La realidad es que muchos aún no se logran adaptar, o visto desde otra perspectiva, que aún están acostumbrados a las viejas prácticas o a modos y modales caducos. Están destinados a ser un referente de esta nueva propuesta: la discusión.

Definitivamente hay un cambio. Hablar sobre las decisiones que toman nuestros representantes ya es un gran paso, por lo menos para México. La ventaja de que se discuta y se señalé cada vez más la vida pública del país, es la transparencia, la posibilidad de saber quién es quién sin miedo a exponerlo.