VICTORIANO HUERTA “El Chacal”


                                                                       Segunda Parte: El Pacto de la Embajada.
                                                                                                       Por: Noé Meneses.

El instinto lo conduce en el camino adecuado. Antes de hablar, escucha. Sus pasos son silenciosos y firmes, mientras observa desde la oscuridad, avanza.  Su mente teje los medios más viles, para someter a los cautivos Madero y Pino Suarez. 
La oscuridad de la noche facilita los movimientos de caza.  Son las nueve y media, del dieciocho de febrero de mil novecientos trece. Todos pisan suelo americano, están ahí los generales Félix Díaz y Victoriano Huerta (acompañados por Fidencio Hernández y Rodolfo Reyes, y el segundo por el teniente coronel Joaquín Mass y el ingeniero Enrique Cepeda) envueltos por la ambición, son presas del electrizante momento. 
La tenue luz del salón abre paso al embajador de Estados Unidos, Henry Lane Wilson; que saluda y se sienta, cruza los brazos, guarda silencio y mira a los presentes con autoridad. Todos asumen el rol que las circunstancias le dieron. Después de una impostada solemnidad, discuten con fervor el destino de México, la atmosfera se tensa, pero la superioridad lo arropa, y maneja la situación con ambigüedad; y entre la mediación y el respeto a los problemas internos de México, observa con la mirada periférica que le da, el estar arriba de la cadena alimenticia.  
Los movimientos nocturnos son más certeros. Por eso, Huerta irrumpe: “En virtud de ser insostenible la situación por parte del gobierno señor Madero, (omite decir Presidente, y de un golpe vuelve indefensa a su víctima) y para evitar más derramamiento de sangre y por sentimientos de fraternidad nacional, lo he hecho prisionero a él, a su gabinete y a algunas otras personas” el arrebato patriótico sigue “deseo expresar al señor general Félix Díaz mis buenos deseos para que los elementos por él representados, fraternicen y todos unidos, salven la angustiosa situación actual” 
El señor general Díaz muerde el anzuelo, se levanta del asiento y dice “mi movimiento, no ha tenido más objeto que lograr el bien nacional y en tal virtud, estoy dispuesto a cualquier sacrificio que redunde en beneficio de la patria” en momentos parecía que la oratoria de ambos estaba encaminada a ganarse el favor del embajador.
Después de las discusiones del caso, entre todos los presentes, mediando el intervencionismo se convino en lo siguiente:
a) El desconocimiento del gobierno de Fracisco I. Madero.
b) La presidencia provisional del general Victoriano Huerta antes de 72 horas, con un gabinete integrado por reyistas y felicistas.
c) Félix Díaz no tendría ningún cargo, para así poder contender en las futuras elecciones.
d) La notificación a los gobiernos extranjeros del cese de Francisco I. Madero.
e) El fin de las hostilidades. 
 
Con los sentidos agudos, Huerta abandona la embajada; sale convertido en un gran depredador, se mueve con agilidad y velocidad. Bien dijo José Ortega y Gasset, «la caza es todo lo que se hace antes y después de la muerte del animal. La muerte es imprescindible para que exista la cacería».

Nathali Sandoval

Compartir